26.9.14

Te voy a dar unas "monedillas" para la Feria.

Aunque el Otoño haya comenzado y estemos a final de septiembre, para nosotros esta época todavía huele a verano, principalmente porque a final de septiembre comienza la Feria de San Miguel.





Por eso el otro día, mientras estaba con mi madre comprándole unos tacones a Alejandra para la feria (la niña tiene obsesión por el mundo de la farándula desde que vio el año pasado a mi madre bailando verdiales), escuché que le decía a ella una frase muy típica de abuela:

Te voy a dar unas monedillas para la feria, para que te pasees en los carricoches”

Con lo cual Alejandra se quedó encantada. Fue escuchar de su abuela las dos palabras mágicas “monedillas” y “feria” en una misma frase, y ponerse loca de contenta.

A su edad, mientras si que sabe perfectamente lo que es una feria, todavía no conoce el significado o el valor del dinero. Pero eso no quita que las monedas le encanten. Eso sí, solo para jugar a sacarlas y meterlas del monedero.

Monedillas, feria, abuela, jugar… desde entonces me están rondando estas palabras por la cabeza, y el por qué no pude evitar acordarme de mi abuela Paquita:


1. Posiblemente sea la primera vez que cuente esto, pero curiosamente el ultimo recuerdo que tengo de mi abuela fue cuando aquel verano me iba a la feria de Baeza y me dijo sus últimas palabras… “Te voy a dar unas monedillas para la feria” después de comerme a besos y de achucharme fuerte, como siempre!



Durante mucho tiempo me arrepentí de haberme gastado esas ultimas "monedillas". Pensé que podría haberlas invertido en algo más productivo. 

Pero ahora, pasado ya unos cuantos años sonrío al pensar que hice con ellas lo que me dijo. Me las gasté en la feria. Y me lo pasé pipa cuando, a horas indecentes y después de brincar y bailar al ritmo de “Salta” de Tequila, cinco adolescentes nos hicimos con el castillo hinchable de la feria.


2. Posiblemente esas "monedillas" salieran de este monedero de piel negro que guarda mi madre con, en el segundo cajón del armario de la entrada. Y que le he pedido que me prestara hoy para fotografiarlo (mamá, ya sabes de que se trataba)
 


3. Posiblemente, si ella hubiera estado cuando encontramos en un vivero a nuestra oveja y dudamos entre comprarla o no, seguro que hubiese contribuido a la causa con algunas monedas. Eso sin saber que, años mas tarde, bautizaríamos a nuestra oveja como Paquita, y que estaría en el dormitorio de Alejandra velando por sus sueños y prestando su oreja a modo de perchero. (Los que me seguís en Instagram, ya la habréis visto alguna que otra vez)


4. Posiblemente con algunas de esas monedas comprará las bobinas de hilo para hacernos a mi madre y a mí los trajes para la feria y la romería… o posiblemente no! porque mi otra abuela, María, es la que tenía la mercería en el pueblo, y posiblemente se los regalase!



5. Y posiblemente, ese monedero sea el mismo de donde sacaba los duros y las pesetas cuando jugábamos con mi primo a las cartas: a la ronda y el rondón!



Sí, sí… como lo escuchan. Mi abuela, esa señora de piel blanca, la que regentó una academia de mecanografía, la que cosía dobladillos en el cierre del balcón del salón de atrás, la que llevaba el largo de la falda por debajo de las rodillas, la que se echaba la rebeca por los hombros, la que siempre tenía las manos frías, la que nos llevaba a la playa y nos daba la merienda en vasos de hojalata de colores, la que preparaba la mejor ternera al limón, la que iba a al mercado con el monedero bajo el brazo… nos enseñó a jugar a las cartas con monedas!

Pero el truco estaba en que esas monedas iban y venían del monedero, sin ningún ánimo de lucro para las partes (que éramos mi primo, ella y yo) porque, cuando terminábamos de jugar, todas las monedas volvían a su sitio. Y nosotros, ni para un triste chicle de fresa!!!

Aunque sin rechistar, porque no podría enumerar cuantas veces, cuantas Veladillas del Carmen, cuantas Ferias de Santiago y Santa Ana, y cuantas Ferias de San Miguel... mi abuela me dijo:

“Te voy a dar unas monedillas para la feria”


A mi abuela Paquita.

A mi madre, que es la Abuela Paquita de mi niña.

Y a todas las abuelas, que sacan unas monedillas del monedero para la feria del pueblo. 

5 comentarios:

  1. Hoy me has emocionado muchísimo, mi abuela también se llamaba así, no me daba dinero para la feria porque le daban pánico las atracciones jeje pero si para libros, cafeses y lo que se terciará. Nos dejó cuando estaba embarazada de Abril, aún la siento muy cerca... Que gran regalos son los abuelos, ¿verdad?
    Abrazos apretados <3

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  2. Me alegra mucho que te haya gustado, y que te haya emocionado, porque entiendo que este tipo de emociones es muy sana... Las abuelas están ahí para lo que haga falta. En mi caso lo de las "monedillas" es real, pero podría ser como un símbolo de todo lo que nos dan!!! Muchos besos

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  3. Hola!!! Soy la otra María García del curso de Illustrator :) jejeje. Me gusta mucho tu blog, es muy bonito. Espero que estés disfrutando mucho con el curso, yo estoy como una niña chica trasteando y salseando con el ordenador ;D jejeje. Un beso, un placer conocerte!

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  4. Anónimo17.10.14

    No es fácil (salvando mis limitaciones con la informática) expresar lo que sentí y lo que siento cuando leo lo que has escrito sobre la abuela Paquita.Tú tienes la suerte de saber lo que se quiere a una hija...y que tu hija sea capaz de plasmar esos bonitos sentimientos sobre tu madre es muy emotivo. Gracias por este regalo, aunque tú eres mi mejor regalo. Besos. Mamá

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  5. María, creo que yo también acabo de enamorarme... Andaba revoloteando y he tenido la suerte de que ésta sea la primera entrada que leo. Ha despertado muchos sentimientos... Gracias

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